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La innovación educativa como proceso de transformación social y cultural

Muestra de estudiantes de Ingeniería Electrónica 2017

Rodeados de tanto ruido cotidiano, a veces empezamos a utilizar términos y expresiones sin dimensionar apropiadamente lo que implican. Quizá uno de los términos más cacareados es el de innovación, pero rara vez nos detenemos a pensar en su verdadero significado y menos en el contexto educativo. Para la mayoría de los actores de la enseñanza y el aprendizaje, innovar es simplemente hacer las cosas diferentes, pero la realidad es un poco más que eso.

Innovar en educación es básicamente llevar a cabo un plan programado de transformación con el objetivo de que los procesos de enseñanza y aprendizaje se desarrollen mejor que antes ¿Es esto posible? Por supuesto, en educación siempre hay espacio para mejorar y de la mano de la innovación intencionada se pueden alcanzar cotas nuevas en materia de procesos que permitan que los docentes, estudiantes y funcionarios administrativos desarrollen aprendizajes enmarcados en una nueva forma de ver las cosas y que no necesariamente implican el uso de las aún denominadas “nuevas” tecnologías.

En la Universidad de Ibagué, desde el año 2011 se empezó la implementación de PlanEsTIC, y ya habiendo corrido suficiente agua bajo el puente, es importante destacar ciertos aspectos que permiten entender cómo es que la innovación termina siendo un fenómeno sistémico que afecta diversos aspectos curriculares, metodológicos y didácticos, pero más allá de eso, se generan unas transformaciones sociales y culturales que a pesar de estar cerrando la segunda década del siglo XXI no dejan de ser sorprendentes.

En primer lugar está la cuestión de la virtualidad vs. la presencialidad, que en realidad en nuestra institución no ha sido un punto tan marcado, pero que en apariencia llegó a preocupar mucho a los docentes por la aparente reducción en la rigurosidad de los hipotéticos cursos alojados en un LMS y generó resistencia al uso de los mismos y a los procesos de rediseño. La Universidad siempre le ha apostado a la virtualidad como apoyo a la presencialidad y en un caso excepcional se ha decantado por la educación en medio digital para un curso masivo y transversal como Comunicación en Hipermedios que por su alta demanda, habría sido poco práctico ejecutar de la manera tradicional.

Por otra parte se halla la perspectiva del estudiante que, contrario a lo esperado, se ha convertido en defensor de la metodología tradicional y en algunos casos abiertamente hostil hacia el desarrollo de actividades alternativas usando dispositivos móviles, redes sociales y metodologías no convencionales. Si bien son más bien elementos minoritarios los que han presentado resistencia, no deja de sorprender que personas en un rango de edad que los convierte en individuos dotados de un acceso sin precedente a los potenciales tecnológicos (más allá del mero entretenimiento), decidan decantarse por la clase magistral y la interacción tradicional docente-alumno que hoy en día se cuestiona por doquier.

No obstante, el panorama general es esperanzador. Más y más estudiantes reclaman cursos rediseñados por la practicidad del uso del LMS y la centralización de temas y contenidos en un hub al cual pueden acceder 24/7, y los docentes, por otra parte, están más que dispuestos a formarse con los cursos cortos certificados, sumarse a la creación de OVA o participar en el nuevo proceso de rediseño, que arranca en el segundo semestre 2018 y que promete traer cambios respecto a la versión desarrollada en 2011. La innovación como proceso voluntario de mejora no se detiene, sigue presente y vigente; se fortalece cuando todos los elementos convergen en el mismo objetivo, hacer las cosas mucho más eficientes y modernas.

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