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Solo los genios entenderán este artículo

Con el advenimiento de la Internet 2.0 y el posterior surgimiento de las redes sociales hemos visto una transformación en la comunicación de ideas y en las dinámicas de las relaciones interpersonales. La eliminación de la barrera de la presencia física ha permitido expresar puntos de vista que antes eran demasiado personales y quizás incluso reprochables con aparente falta de consecuencias, puesto que cualquier elemento de disensión es fácilmente eliminado con un clic.

Estamos en una nueva era donde nuestros defectos y errores son fácilmente justificables en aquello que la cultura popular produce y se amolda según nuestra conveniencia. Se nos está bombardeando con ideas seudocientíficas como, los impuntuales son secretamente genios, que aquellos que usan groserías son personas más sinceras, que los trasnochadores son los verdaderos emprendedores, que los fiesteros son los más sociales, y el cliché más común: “Si eres capaz de responder a estas preguntas acertadamente, eres un superdotado”.

Pero no todo son clicbaits o trampas para generar tráfico a la página (ver título), canal o perfil de red social: Para cada infidelidad hay un meme de Frida, una frase de Arjona o una cita de Coelho; para cada fracaso académico una anécdota de lo malo que era Einstein en la escuela; para un arranque de ira animalista está siempre el buen Nietzsche; para una furibunda defensa de la tauromaquia, el inefable Calamaro; y para un desliz lujurioso la siempre entretenida frase de Esperanza Gómez, que no es necesario citar.

Lo importante es el contexto

Pero ¿qué tanto sabemos de esas porciones de información descontextualizada? ¿Acaso entendemos la compleja relación de Frida con Diego Rivera? ¿Somos tan viejos para distinguir un antes y un después del Arjona o del Coelho comercial, y comprender que la invitación a la reflexión social e íntima de las canciones y libros de estos personajes de mediados de los 90, se ha ido llenando de lo que el público quiere oír o leer hoy en día para justificarse? Rara vez reflexionamos sobre el verdadero contexto de lo que se nos presenta; por ejemplo, queremos creer que Einstein era malo en la escuela porque quizá nosotros también lo fuimos, pero la cruda realidad es que desde niño el físico alemán era genio y los demás mortales promedio nos tenemos que resignar a nunca tener nuestro momento de epifanía genial, pretender lo contrario es seguir esperando por la carta de Hogwarts que no llegará o una TARDIS que no aparecerá.

¿La que no es culta no disfruta?

Idolatramos a figuras como Nietzsche, que, a pesar de sus interesantes reflexiones filosóficas, era alguien con marcadas carencias afectivas y sociales, confiamos el criterio de una práctica polémica a un artista del rock en español o para no ir más lejos, respaldamos nuestras inseguridades sexuales en una persona que claramente no es un faro de normalidad. Las redes nos han dado la justificación perfecta para nuestras faltas y defectos, y hemos no solamente regularizado lo reprochable, sino que ahora lo difundimos con orgullo.

¿Es algo nuevo?

En realidad, lo que describo no es un fenómeno reciente. El egoísmo se ha sustentado en prácticas similares desde que la comunicación humana existe. Por ejemplo, el horóscopo, las novelas de Flaubert, los panfletos religiosos y las ideas de Sade sirvieron para justificar la forma, a veces incoherente, de actuar en siglos pasados. El verdadero problema radica en la omnipresencia y en la apócrifa calidad de los contenidos de la actualidad. Replicamos noticias falsas, nos apoyamos en frases sin fundamento para sustentar lo insustentable y peor aún, aquellos que disienten suelen ser percibidos como agresores que podemos callar con un par de ajustes en el medio en el que nos comunicamos.

La clave es la buena educación digital, el asumir que no somos seres perfectos y que siempre existe el potencial de ser mejores. Probemos ser más humildes y consecuentes, no regodeándonos en nuestros defectos sino buscando ser más puntuales, menos groseros, y menos trasnochadores, así no caemos en trampas como leer un artículo aburrido pensando que al final seremos genios “certificados” solo porque el autor (que no es ningún genio) lo dice. Y si nos cuesta mucho transformarnos, al menos podemos hacer recetas extraídas de YouTube.

Referencias:
Imagen 1: Frases de la rana. Recuperado de https://goo.gl/hUyjPK
Imagen 2: ArjonaFilosofia. Recuperado de https://goo.gl/fJFSmK
Imagen 3: Aweita.pe. Recuperado de https://goo.gl/xLksdb
Imagen 4: Acción poética Venezuela. Recuperado de https://goo.gl/zpk8jx

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